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Testimonio de Christian Vargas, Con solo siete años Cristian vivio de rehén de una mala relación matrimonial. Situación que le trajo muchos conflictos y una baja autoestima en su niñez y juventud.

testimonio-de-christian-vargas-elTestimonio de Christian Vargas, Con solo siete años Cristian vivio de rehén de una mala relación matrimonial. Situación que le trajo muchos conflictos y una baja autoestima en su niñez y juventud.

 

“En un momento mis padres se separan, mi mamá se va de casa. Por cuestiones de la tenencia yo me tenía que quedar con ella, no quería quedarme con ella, quería quedarme con mi papá. Recuerdo momentos que mi papá me venía a visitar y yo me quería ir con él, le pedía que me llevara con él, me decía que sí, se hacía tarde me quedaba dormido y cuando me despertaba me daba cuenta que se había ido. Al tiempo yo me voy con mi papá, empezamos a vivir en lo de mi tía, la hermana de mi papá, otras reglas, prácticamente otra familia, me empecé a sentir inferior a mis compañeros del colegio o cuando iba a jugar al fútbol me sentía inferior a los demás. Me acuerdo una vez que en la casa de mi tía que se me cayó una taza y yo me puse a llorar desconsoladamente, el sentirme rechazado y buscar desesperadamente ser aceptado por los demás”.

Cristian creció en un ambiente de peleas y reconciliaciones que lo llevaron a refugiarse en el fútbol. Pero esa presión por agradar a los demás le jugaba en contra de sus habilidades.

“Y no podía yo realmente ser quien yo era, no era lo mismo yo jugar con mis amigos, que ir a jugar a un club, ya me gobernaba el temor, la inseguridad. Llegar a casa y escuchar peleas, gritos, insultos, maltrato constante psicológico. Me iba de casa, a la casa de un amigo, alguien que me pudiera contener un poco”.

A los 21 años abandona todo para irse a jugar al fútbol a otra ciudad con el fin de cumplir un sueño, sin embargo todo resultó en un nuevo fracaso para él.

“Y volví y por sorpresa para mí encontrar que mi habitación ya no era mi habitación, era como que ya no sentirme parte de esa familia, si todavía quedaba algo. Recuerdo momentos de sentarme en la cama y no saber qué hacer, estaba sin trabajo, sin el fútbol, mal sentimentalmente y de mirar el techo y decir ¿para qué estoy vivo?”

Una tarde atiende la puerta sin saber que esa acción le cambiaría la vida para siempre.

“En un momento viene un conocido de mi papá a casa a hacer una conexión de cable, subimos a la terraza y ahí empezamos a hablar y yo le comenté un poco como estaba y ahí él me habló de Dios, me invitó a la iglesia, empecé a ir a unas reuniones y me acuerdo un par de semanas de estar en una reunión donde nos tomamos todos de las manos y estábamos orando y ahí sentí una sensación tremenda de amor, de paz que me envolvía y me llenaba y ese fue mi primer encuentro con Dios y en ese momento hice una oración y le dije a Dios: Si realmente existís, si esto es real, este amor que siento por favor sácame la angustia, el dolor todo lo que pasa por mi corazón, quiero empezar de nuevo”.

Cristian encontró en ese grupo la contención que le faltaba, pero por sobre todas las cosas encontró en Dios el primer paso para un proceso de restauración.

“Poco a poco me fui sintiendo mejor, Dios fue sanando mis heridas, se fue llevando mis angustias, mis dolores y en ese momento que Dios me restauró, sentí que Dios me decía que yo podía cambiar mi familia. Fue ahí que me propuse cada vez que llegara a casa abrazar y darle un beso a mi papá, y bueno fueron 5 años de sembrar un beso, un abrazo y recuerdo que un día llegué a casa y yo tenía los brazos ocupados y me dijo: “Hola hijo”. Y ahí por primera vez me abrazó mi papá. Y eso para mí fue… fue lo más grande”.

Hoy Cristian reconciliado con sus padres, está casado y espera formar una gran familia, pero nunca olvida cual es la prioridad en su vida.

“Y Dios para mi es lo primero, es lo más grande y por eso puedo decir que soy feliz”.

Comentarios
  1. Eduardo Abanto
  2. Majo
  3. espe

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