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Salvado de las balas Ezequías

p17v2547uk1cik1kf01k1ov5crii2El joven soldado Ezequías García Núñez retornó al cuartel a hurtadillas, tratan­do de no ser atrapado por sus jefes. Había sali­do sin permiso después de la cena y retornaba del pueblo cercano de San Antonio luego de un culto evangélico. Era de noche y solo algu­nas luces lejanas alumbraban la garita de se­guridad que permitía ingresar a la unidad. De pronto, en la oscuridad, una silueta masculina se irguió con dificultad desde el suelo.

Tú me golpeaste y ahora la pagarás – gritó el hombre mientras salía de las sombras.

La voz era amenazante porque aquel suje­to había sido apaleado hasta el desmayo por unos desconocidos que lo acusaron de “so­plón” y lo dejaron sangrante en un rincón. Minutos después, aun adolorido, despertó y vio al joven soldado que, por casualidad, trataba de pasar en esos momentos por el puesto de seguridad y le apuntó de inmedia­to con su Fusil Automático Ligero, un arma que puede disparar ráfagas de hasta 30 balas seguidas. Lo que siguió fue un verdadero in­fierno.

Los proyectiles salieron del cañón con di­rección al cuerpo del joven que se lanzó al piso y escuchó pasmado los estampidos incesantes. Cuando el tableteo cesó, palpó su cuerpo. Era extraño pero no sentía dolor alguno y parecía que ninguna bala lo hubiera tocado. Había sido salvado por la gracia de Dios.

EL AGRESOR CONVERTIDO

El agresor avanzó con pasos lentos pensando que la víctima estaba muerta, pero se llevó tremenda sorpresa. Aquél joven no tenía ni un rasguño, parecía que los proyectiles lo hubie­ran atravesado sin causarle daño. Atónito lla­mó al oficial de turno y dio cuenta del suceso.

Ezequías García Núñez fue llevado ante el teniente de guardia quien con tono irónico ex­clamó mientras observaba un partido de béisbol:

Por fin te agarramos, religioso. Ahora verás.

Pero algo más ocurriría esta noche. Mien­tras esperaba el bus en el pueblo cercano para retornar a la unidad militar vio algunos pasa­jes del encuentro deportivo en el televisor del paradero. El teniente no había podido obser­var esos incidentes a causa de un desperfecto en la señal televisiva. El acusado percibió el hecho y decidió relatar lo que había visto en el paradero, lo cual probaba que no había podi­do estar en la golpiza al centinela. Eso lo salvo por segunda vez en una misma noche.

Minutos después inspeccionar el lugar de la balacera. Allí estaban las marcas de los proyecti­les que estaban en el mismo lugar donde estuvo tumbado. Dios había guardado al joven militar de una muerte segura. El soldado que le dispa­ró, vio las perforaciones de las balas en el piso y la pared, y convencido del milagro, a los pocos días, acudió a la iglesia y se entregó a Dios.

TENTACIONES

Ezequías García Núñez nació en Camagüey el 15 de octubre de 1964, hijo de un pastor evan­gélico, es el sexto de 12 hermanos. Sus padres eran pioneros de la iglesia Asambleas de Dios en los años 50 en Cuba. Formado como creyen­te desde su niñez, aprendió a leer muy tempra­no la Biblia bajo el amparo de su madre.

Se crió en el Evangelio durante toda su ni­ñez, pero cuando comenzó su vida estudian­til en la adolescencia, el sistema educativo de Cuba lo llevó a una escuela donde las tenta­ciones mundanas abundaban. El profesor les implantaba clases diarias de política y de las supuestas ventajas del sistema comunista. Aquellos que se atrevían a contradecir eran castigados.

Durante su época estudiantil, Ezequías García Núñez vio la manipulación del demo­nio en muchas ocasiones, jóvenes de su edad fumando y bebiendo, niñas de 12 años tenien­do relaciones sexuales con otros niños y a las semanas eran llevadas para hacerlas abortar.

Cayó en ese juego y una guerra interior ex­plotó. Su problema no era la convicción cris­tiana, sino la atracción de la carne. El conflicto experimentado por muchos cristianos, los de­seos de la carne contra la fortaleza del espíritu.

Como en su caso hubo debilidad espiri­tual, el enemigo aprovechó esa oportunidad para sembrar dudas. A los 13 ó 14 años pensa­ba que cuando llegara a los 18 años se acabaría las prohibiciones para al cine, ver televisión, ir a la playa, tener novia no cristiana, fumar o beber.

Del Evangelio le gustaba la amistad de los hermanos, el culto y la presencia de Dios, pero, al mismo tiempo, el mundo lo atraía. Por eso entró al Ejército con la idea de separarse del yugo de mis padres. No quería más rega­ños ni órdenes.

ENCUENTRO CON DIOS

La realidad del Ejército fue peor. Ezequías García Núñez llegó a un ambiente donde en­señaban a robar, mentir, a ser violento y fue mucho más chocante. Resultó seleccionado para ir a una Escuela de Sargentos y luego de seis meses de instrucción, le encargaron un pe­lotón completo. Entonces, en la soledad de la jefatura, no podía compartir amistad para no perder autoridad. Se sentía tan solitario que se refugió en la Palabra.

Pero antes de enlistarse tuvo una primera experiencia con Dios. Acudió a la campaña de un pastor invitado. No había músicos y lo llamaron porque tocaba bien la trompeta des­de muy joven, pero aun así trataba de escapar de los cultos. Una noche que no pudo salir, el mensaje del pastor fue directo a su perso­na, contestó sus inquietudes e hizo algo en su corazón que lo sacudió. El pastor invitado era David Vizcay.

Posteriormente, fue destinado en la unidad especial de artillería pesada y cuando llegaron los equipos especiales BM21 desde la Unión Soviética, resultó seleccionado para un curso. Lo escogieron porque no tenía vicios ni ante­cedentes penales, pero rechazó el ofrecimien­to. Entonces se convirtió en una espina de la unidad. Y no pararon hasta llevarlo a juicio. Lo acusaron de algo que nunca hizo y colocaron hojas de marihuana dentro de su Biblia, por­que no podían acusarlo de otra manera. La persona que lo denunció fue influenciada por los superiores.

Los jueces hicieron la investigación y dije­ron: “Es hijo de pastor. Aunque no tiene nues­tras creencias no podemos acusarlo de algo si no tiene antecedentes de eso”. Entonces lo en­viaron llevado a la peor unidad militar donde llevan a gente que estuvo en prisión. Fue allí donde se libró de ser muerto a balazos.

En ese ambiente no todos los hombres eran malos, algunos estaban arrepentidos y deses­perados. Hubo uno que se quiso suicidar, pero Ezequías García Núñez le habló de la Palabra y lo salvó. Durante ese tiempo creció el amor de Dios por los ayunos, la oración, la vigilia y su consagración definitiva a la Palabra.

Cuando retornó a su casa hubo una cam­paña donde un pastor le profetizó que su destino era servir a Dios llevando la Palabra del Señor. Y se cumplió. Luego de trabajar en Cuba, viajó al Perú acompañado de su esposa para cumplir la misma labor. Luego se tras­ladó a los Estados Unidos para pastorear en la ciudad de Gary, Indiana, luego en Massa­chusetts. Actualmente, está en Ocala, Florida, sirviendo las órdenes de Dios.

Comentarios
  1. Eduardo Abanto

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