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El día que perdí mi cabello Testimonio sobre el Cancer

Al principio no pensé que perdería mi cabello pero cerca de una semana después del día en que recibí mi primera quimio, empecé a perderlo. Había sido advertida, por supuesto, pero en secreto tenía la esperanza que mi fino cabello lacio venciera las estadísticas, aún recuerdo a mis amigas orando para que no perdiera mi cabello.

Cerca del séptimo día me agache en el baño y de repente la cabeza empezó a picarme, me levante para rascarme y vi una lluvia fina de cabellos que caía sobre el azulejo del piso.

Una amiga estilista me había sugerido que si lavaba el cabello menos seguido y usaba peines de dientes anchos era probable que pudiera mantener mi cabello. Intenté las dos cosas, pero cuando lo empecé a perder sobre mis pijamas, almohadas y el piso del baño, reconocí lo inevitable.  Una de las peores cosas del cáncer es el control que toma en nuestro cuerpo. Uno se siente impotente. Aunque sé que Dios tiene el control de cada área de mi vida, estaba acostumbrada a ordenarle a mi cuerpo que hiciera lo que yo quisiera. Pero el cáncer nos roba esa ilusión. Recuerdo  una mañana al enjuagarme el champú observé horrorizada que los puñados de cabello caían a mis pies. Y ese día no lo soporte más, llame a una amiga que tiene un salón de belleza en su casa  y le pedí que si podía cortarme el cabello por completo. La decisión de rasurarme la cabeza en lugar de esperar que el cabello se me cayera fue mi manera de ejercer un poco de control.

Por fin, empezó a pasarme una maquina por mi cabeza. Mantuve la mirada hacia abajo no quería dar el primer vistazo, cuando termino, mi mejor amiga Karla me paso la mano suavemente sobre mi cabeza y me dijo con admiración unas palabras q guardo con mucho cariño: «tienes una cabeza perfectamente formada, muy hermosa»

Me miré al espejo y lo único que ví fue un brillante cuero cabelludo, y lloré mucho, estaba innegable e indiscutiblemente calva, y no había nada que pudiera hacer al respecto.

Sansón se despertó una mañana sin su cabello, sin su fuerza y sin ningún sentido de control. Es posible que nosotros nos sintamos un poco de esa manera cuando nos enfrentamos a nuestro cuero cabelludo desnudo por primera vez, ya no podemos confiar en nuestro cuerpo, no podemos confiar en nuestra fuerza ni siquiera podemos confiar en que el cabello permanezca en nuestra cabeza.

PERO PODEMOS CONFIAR EN DIOS. Porque sin importar lo que nos pase, Dios el Creador y Señor del universo, está en control. No debemos de tener miedo de lo que está pasando, porque Dios tiene el control.

Está tanto en control que como Lucas 12:7 lo dice: “aun los cabellos de nuestra cabeza están contados” ¡Imagínate eso! Cada cabello que al enjuagarte por la mañana se te cae y te deja calva, Dios lo tiene enumerado, cada mechón rezagado que cae después de cada tratamiento, Dios lo tiene contado.

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