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Testimonio Cristiano de Radamel y Andrés, en la puerta de la iglesia.

 La elección fue inconsciente, alentada por la necesidad. Incluso, a Passarella se le habrá pasado por alto el detalle. Pero con la dupla de ataque que eligió el Kaiser, esta noche River puede contar con ayuda divina, algo para nada despreciable en una situación límite como la que afronta el equipo ante Botafogo.

Porque el gol que tanto necesita River estará en manos de Radamel Falcao García y el pibe Andrés Ríos, fervientes creyentes y a la vez, predicadores de la palabra de Dios.

La devoción del colombiano por la religión viene de herencia familiar. Y apenas llegó a la pensión del club para sumarse a la Octava, se unió al Centro Cristiano Nueva Vida. Allí, en la iglesia ubicada en Cabrera al 4.600 de Palermo, todos los lunes a la noche se reúne una congregación llamada Campeones para Cristo. Falcao empezó a invitar a varios chicos de las Inferiores y uno de los pibes que se prendió, más adelante, fue Ríos.

Andrés había pasado momentos complicados en el inicio de su adolescencia en la villa del barrio Zabaleta. Para escapar a las tentaciones, que lo hicieron pensar incluso en dejar el fútbol, primero se acercó a la parroquia del barrio y luego a Campeones… “Mi fidelidad a Dios, aunque cuesta porque uno tiene que pelear muchas batallas, fue fundamental para llegar a este presente”, contaba Ríos cuando daba sus primeros pasos en la Primera.

En la iglesia, ambos tienen un rol importante. Falcao es el que siempre cita las palabras de la Biblia justas para cada ocasión. Ríos también es habitual orador y uno de los preferidos de la congregación, por la manera tan pasional con la que se expresa. Pero no son los únicos del plantel que acuden a este centro cristiano. Augusto Fernández y Carrizo van en algunas oportunidades, como Villagra, Burzac y Sciorilli.

Obviamente, el Kaiser no armó el equipo teniendo en cuenta este dato. Con Rosales aún en plena recuperación de un desgarro, Alexis Sánchez a punto de operarse y Ruben con un molesto esguince de tobillo, el técnico optó por los dos puntas en mejor nivel físico y futbolístico. Si bien el colombiano anduvo mal ante Tigre, venía rindiendo antes de los amistosos que jugó con su selección. Hoy, Ríos está un escalón por encima del Roly Zárate, a quien Passarella mantiene relegado. Y además el pibe cumplió cuando fue titular contra Vélez: hizo el primer gol de 5-0. Otro juvenil que podía pelear por un lugar es Juan Antonio, aunque el técnico ni lo concentró: prefirió apostar por cuatro hombres bien de área (Falcao—Ríos en la cancha y Ruben—Zárate en el banco).

A los dos atacantes de esta noche también los une la genética futbolística. Son muy parecidos. Juegan de 9, les gusta tratar bien la pelota y hasta tirar algún lujo, tienen clase para definir y saben moverse de espaldas al arco. “Me gusta Van Nistelrooy, por la habilidad y la chispa en los pocos metros finales. Y de River trato de copiar los movimientos de Falcao y el Tecla Farías: de ellos aprendo cómo aguantar la pelota y buscar los espacios vacíos”, reconoció Andrés hace un tiempo.

Hoy, estos dos compinches religiosos asumirán la gran responsabilidad de llevar a River a la próxima fase de la Sudamericana con sus goles: con un 2-0, River se clasifica. Pero si Botafogo convierte uno, necesitará ganar 3-1. No es un partido más ni por asomo, porque una derrota podría empezar a desencadenar el fin del ciclo Passarella. Se vivirá un clima tenso durante la noche, o al menos hasta que River logre sacar una diferencia tranquilizadora. Por eso, toda ayudita extra es bienvenida. Y no hay nada mejor que una dupla divina como la que integran Falcao—Ríos para recibir una bendición y alejar tantas maldiciones.

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