Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

Un esclavo de las drogas

La adicción que destruyó su salud y su familia fi nalmente se rompió

Enfurecido por la infidelidad de su padre a su madre, a los ocho años de edad, Mauro Nemi entró en una trampa adictiva del alcoholismo y tabaquismo para desahogar su dolor. Entonces vivía en la pequeña ciudad de Santiago del Estero en Argentina, Mauro recuerda: “Pensé que estaba viviendo la vida al máximo, me iba genial, porque yo fumaba y bebía, yo todavía estaba en la escuela, y salía de fi esta el fi n de semana.” Empezó a salir con la gente equivocada, y Mauro vio a sus amigos pelear en las discotecas y robar en las calles, y aunque él no era partícipe, terminaba preso por asociación. Su madre tuvo que sacarlo de la cárcel muchas veces. Luego, para sorpresa de Mauro, su madre se enamoró del mismo oficial de policía que lo arrestaba durante el fin de semana.
“Este hombre me dijo que amaba a mí y a mi madre y me encantó, y lo demostraba con un beso de buenas noches en la frente mientras yo fingía estar durmiendo”, recuerda. Mauro se quedó tan impresionado por el afecto de este hombre que decidió convertirse también en un agente de policía, pero con tristeza se encontró con la corrupción en las fuerzas de seguridad y se convirtió en adicto a las drogas. “Para cuando me di cuenta de lo que estaba ocurriendo y traté de dejar, ya era dependiente y esclavo de las drogas. Yo tenía que tenerla todos los días, todo el día”, dice. Su adicción llegó a estar tan fuera de control que, a los 23 años, fue condenado a cuatro años de prisión, donde, curiosamente, le resultaba más fácil obtener drogas que estando en libertad.
Dada la libertad condicional por buena conducta, fue puesto en libertad a los confines de la casa de su familia y seguía tomando drogas cuando vio a una muchacha bonita en la calle y le pidió su número. Después de enviarle mensajes de texto sentimentales a un número equivocado por cinco meses, Mauro conoció a una chica totalmente diferente que nunca habían fumado y, al estar enamorada, ella creyó sus mentiras. “Ni mi amor por Cecilia, ni el hecho de que estábamos esperando nuestro primer hijo, Thiago, fue suficiente para dejara las drogas”, Mauro admite. “Me daban ataques de pánico, fiebre y convulsiones y, cuando tuve un paro cardíaco por una sobredosis, mi familia le dijo a Cecilia en lo que se había metido en por salir conmigo. “Doy gracias a Dios de que Él puso su mano entre la vida y la muerte.” Mauro se recuperó, pero sus ruegos arrepentidos a Cecilia fueron de corta duración, ya que comenzó a inyectarse cocaína que dio lugar a frecuentes visitas al hospital debido a problemas del corazón y convulsiones. Cansado de tratarlo, los médicos sólo podían darle pastillas que le daban somnolencia, mientras que los psicólogos y psiquiatras no tenían respuestas tampoco. Ahora, en un pozo de la desesperación, ya que Cecilia lo había dejado, Mauro dice que él buscó la ayuda de Dios. “Recuerdo que mi abuela y mi tía asistían a una iglesia cristiana, así que los busqué y el Pastor Ariel Carini me visitó. “Me dijo que la iglesia no podía hacer nada por mí, pero que él quería hablarme acerca de Jesucristo, el Hijo de Dios, que me amó tanto que Él murió en la cruz por todos mis pecados y quería perdonarme, limpiarme y darme la vida eterna en el cielo con él. “Esa tarde comprendí mi estado indefenso ante un Dios justo y perfecto y yo me aferré a Jesús como mi Salvador personal.”

Ariel le recomendó a Mauro que acudiera a un centro de rehabilitación cristiano. El 15 de junio de 2009, comenzó este programa de abstinencia en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba, “buscando que Dios me cambiara y transformara”, recuerda Mauro. “Estaba cansado de fracasar una y otra vez, así que decidí entregar todo al Señor Jesucristo. “Mis pulmones estaban deteriorados por los cinco paquetes de cigarrillos que fumaba por día, la nariz destruida por inhalar cocaína, el corazón debilitado, el hígado y los riñones me fallaban – Pensé que nunca sería libre de este vicio que me tenía esclavizado, pero a la mañana siguiente, mi cuerpo se sentía diferente. “Después de sólo 25 días, volví a casa porque ya no sentía la necesidad de consumir drogas”. Después de haber dado el control de su vida a su Salvador Jesús, Mauro quería saber más acerca de él todos los días. “Fui a la iglesia, tenía estudios bíblicos con los pastores, fue instruido en la vida cristiana por mi tío y yo nunca más toqué alguna droga, ni el alcohol ni los cigarrillos otra vez.” Mauro también tuvo cuidado de no exponerse otra vez a la tentación y siempre trató de ir acompañado de otro cristiano. “Mi deseo de conocer a este Dios que me ha salvado me motiva a leer mi Biblia y a mantenerme alejado de las cosas que me hicieron daño durante tanto tiempo”, dice con alegría. Cuatro meses después de salir del centro de rehabilitación, Mauro y Cecilia se reunieron y se casaron en noviembre de 2009. ■

FUENTE: Periódico El Desafío (http://challengenews.org/us-es/)