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Sanidad de Epilepsia

Quiero contarles que yo estaba enferma de epilepsia, y a causa de las convulsiones que me provocaba, mi hombro derecho se luxaba (se salía de lugar), porque tenía los ligamentos rotos o estirados. Durante 17 años estuve presa de esta situación con todo lo que trae como consecuencia.

 

Mis padres tenían temor de que tuviera alguna crisis en la calle y no pudieran ayudarme, así que hasta que yo no regresaba a casa no estaban tranquilos. He perdido empleos por las convulsiones, amigos y hasta he sido discriminada siempre que los síntomas de esta enfermedad se manifestaban como crisis de ausencias, convulsiones, aún tomando los medicamentos y siguiendo diferentes tratamientos. Uno de estos tratamientos fue experimental y provocó un desorden hormonal que provocó que en 3 meses engordara 50 kilos. A partir de ese momento se acentuaron mis complejos, miedos y fui aún más discriminada. No podía bajar mi peso y llegó un momento en el que no quería siquiera salir a la calle y tenía vergüenza hasta de ver a mis familiares. Además, si bien la solución a mi problema del hombro era quirúrgica, en este caso no se podía operar porque al tener convulsiones corría el riesgo de volver a luxarse y ya había perdido un 70% de la movilidad de mi brazo, o sea que clínicamente no había solución y estaba condenada a vivir el resto de mi vida así.

 

El año pasado, en el segundo día de Conferencia, cuando el Evangelista Carlos Annacondia nos hizo levantar las manos para que Dios nos ungiera para hacer bienes y que las señales nos siguieran, sentí mi hombro libre por primera vez, empecé a hacer con mi brazo las que cosas que antes no podía hacer, y allí supe que Cristo me había sanado. A partir de ese momento, nunca más tuve problemas de luxación, ni de convulsiones, ni de crisis de ausencias. Ahora mi familia está tranquila y están viendo cada día la Gloria de Dios, e incluso en mi espalda, en el lado derecho tenía un espacio vacío por los ligamentos rotos que hoy está lleno. Aún cuando Satanás quiso mentirme acerca de mi hombro, al resistirlo tuvo que huir, porque ahora sólo Cristo reina en mi vida y he comenzado a conocer lo que verdaderamente es la vida abundante.

Comentarios
  1. Miguel Angel

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