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Sabiendo en quien contar

Ahora me siento seguro y completo, dice el contador insatisfecho con sus logros

Con el objetivo de encontrar esa satisfacción de sentirse bien, feliz de que estaba cumpliendo con el propósito de su vida, Andrea Scalas eligió una carrera en la contabilidad, y luego consiguió un trabajo de ensueño en un estudio prestigioso en Italia, pero sólo encontró decepción. Al no encontrar satisfacción en sus aptitudes, en su trabajo ni en la estabilidad económica, Andrea recuerda: “Busqué respuestas en el tabaco, el alcohol, la pornografía y en trabajar más arduamente”. Sin embargo, admite que encontró que ninguna de ellas eran satisfactorias, “Era como correr tras el viento.” Educado en la religión tradicional, se sintió traicionado por Dios después de ver a su hermana menor quedar inconsciente en un accidente automovilístico y luego morir de daño cerebral. “Dejé de ir a la iglesia por un tiempo,” Andrea recuerda, “pero me di cuenta que no tenía paz en mi corazón, excepto cuando entraba en una iglesia”. Con una creciente irritabilidad e inquietud en su espíritu, a los 30 años de edad, comenzó a dudar de las condiciones de su vida espiritual, así que decidió leer la Biblia por primera vez en su vida.

A pesar de pensar que su tía parecía ser intolerante, también observó que ella sí parecía estar llena de alegría, paz y fuerza, incluso en tiempos de graves difi cultades. Lo más importante, era una creyente dedicada a Jesucristo. Después de recibir respuestas insatisfactorias de parte de sacerdotes y monjes acerca de la fe, la vida eterna y la salvación, Andrea comenzó a hablar acerca de Jesús con algunos misioneros extranjeros que tenían una misión en Italia. Recuerda que estos amigos eran desinteresados, no eran materialistas, y le ayudaron entender que Jesucristo no murió en la cruz por su propia maldad, sino por los pecados de toda la humanidad. Unos años más tarde, un pastor le hizo una pregunta que cambiaría su vida: “Si usted muriera hoy, ¿iría al cielo?” Sintiéndose avergonzado de que ninguna de sus respuestas satisfacía al pastor – ni a sí mismo si era honesto – Andrea decidió que asistiría a una iglesia cristiana que enseñaba la Biblia para poder contestar a esta pregunta tan inquietante.

“Yo sabía que había gente que hacía cosas terribles como asesinatos y violación”, explica Andrea “así que, yo pensaba que era un santo.” “Supuse que merecía la salvación ya que hacía algunas cosas buenas, pero incluso mis “buenas acciones” eran motivadas por egoísmo, y eso no era realmente bueno. “Pensé que tenía chance cuando me enfrentara a Dios, pero estaba equivocado.” Después de trasladarse a Singapur, asistió a una iglesia cristiana evangélica donde, dice, “todo lo que yo deseaba saber acerca de la Biblia, lo pude aprender.” En una de las clases, Andrea llegó a entender que todas las malas acciones en contra de Dios merecían un castigo eterno, así que en su amor por nosotros, el Señor Jesucristo tomó el castigo en una cruz, y demostró que es Dios al resucitar de entre los muertos. Abriendo su corazón en plena entrega, Andrea le pidió a Jesús que sea su Salvador, cargando con su culpa de pecado en la cruz, y pagando su pena con Su sangre. Cuando declaró su fe en Jesús de manera pública, por medio del bautismo, recuerda haber tomar una decisión de “desenchufar el cable a mi antigua vida que fue construida sobre cosas que no traen amor, y conectar un cable nuevo que obtiene su energía de Jesús.”

Y continúa: “Ahora tenía una respuesta a esa pregunta:” ¿Si usted muriera hoy, ¿iría al cielo?” “Me faltaba un Salvador que pudiera recibir el castigo por mis malas acciones en contra de Dios. Jesús me ha rescatado. Ahora soy salvo.” Como nuevo cristiano, Andrea eligió depender de la provisión de Dios y crecer en su confianza en la Palabra de Dios. Después de orar con respecto a su carrera, él comparte que Dios le dio un trabajo muy gratificante en Singapur. Él explica: “Permití que Dios haga lo que Él quiere de mí, y que me ayude a alejarme de las tentaciones del pecado, y que Él sea quien dirige mi trabajo, desde lo simple a las tareas más difíciles. “Ahora no tengo miedo a la muerte.

Me siento como si realmente tengo un tesoro. “La isla con el tesoro escondido, que tanto quería encontrar, ahora lo tengo en mi corazón. Un regalo precioso que no se puede comprar. “Siento que estoy completo. Siento que ahora he encontrado la verdad. Ya no tengo dudas. Yo estoy en una roca. Me siento seguro. “Todo es posible con él.”