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No hay daño en la vida nueva

“Esperaba que las drogas eventualmente me mataran” admite Ariel

Con ambos padres sufriendo las consecuencias de su adicción a las drogas, con 25 años de edad, Ariel Dawson creció no sintiéndose amada y pronto se encontró metida en las drogas, la promiscuidad sexual y autoflagelación. “Habían aspectos de mi infancia que ahora, en la edad adulta, que sé que están mal, sin embargo, cuando era una niña, eso era todo lo que conocía y me parecía cosa normal”, explica Ariel. Ariel y su hermano vivieron con su abuela por un tiempo y luego con su madre cuando ella había dejado las drogas. “Durante los años siguientes, mi madre siguió siendo abusiva verbal, emocional y físicamente, mientras mi padre estuvo ausente la mayor parte de mi juventud”, dice ella. “De cara a mi adolescencia yo estaba asustada, enojada, en busca de amor y una manera de “sentirme mejor”. “ Alrededor de los 14 años de edad, la situación en el hogar comenzó a deteriorarse, ya que los comportamientos de su madre se hicieron cada vez más erráticos, y Ariel empezó a robar, fumar cigarrillos y dañarse a sí misma. “Para cuando tenía 16 había dejado un centro juvenil, donde había comenzado a fumar marihuana, y me mudé a la casa de mi novio. Me volví activa en mi vida sexual y comencé a ver pornografía, que pronto se convirtió en una adicción”, confi esa. A lo largo de los próximos años, Ariel dice estas cosas se volvieron el foco principal de su vida y estas desencadenaron en un estado de depresión, e incluso intentos de suicidio.

“Mi vida no tenía valor para mí y esto se demostraba en mis decisiones, ya que yo no amaba a nadie y ciertamente no creía que nadie me amara a mí”, admite. Mientras tanto, Ariel dice que creía en Dios, gracias a las enseñanzas de su abuela, pero sólo lo veía como un “hombre distante en el cielo”. “Yo sabía que Jesús era Dios, pero no creo que entendía lo que eso significaba en realidad,” dice ella mirando hacia atrás. A finales de 2008 su vida tocó fondo y perdió toda esperanza de que las cosas mejoraran. “Quería sentirme amada, pero empecé a amar mi pecado más que cualquier otra cosa”, explica. “En la víspera de Año Nuevo de 2009, me decidí a probar unas drogas nuevas con mis amigos y tomé decisiones muy desacertadas y burdamente pecaminosas. Esa noche me sentí más degradada y sucia que nunca antes en mi vida. “ A pesar de esto, Ariel decidió que iba a usar estas drogas hasta que la mataran.

Haciendo el último intento antes de perder toda esperanza, ella se inscribió en un programa de mentoreo y fue asignada a un entrenador que resultó ser cristiano. “Ella era encantadora y yo no había tenido muchas personas que me hayan tratado de esa manera, así que le pedí que fuera mi coordinadora. Estoy totalmente convencida que Dios me guió a ella porque yo nunca antes había oído hablar de tener un “coordinador” “, dice Ariel. “Yo estaba finalmente listo para entregarme a Dios, porque el temor de que Dios no cumpliera con su promesa era superada por mi necesidad de tener una vida diferente.” A la medida que Ariel empezó a pasar más tiempo con su coordinadora, fue presentada a un sermón del pastor estadounidense Mark Driscol, titulado ‘Jesús murió para limpiarme de mi inmundicia’.

“La premisa del sermón era que Jesús no sólo murió por mis pecados, sino también por los pecados realizados contra mí”, explica Ariel. “Escuchar que estaba limpia de todo pecado es una experiencia que altera la vida.” Fue entonces cuando Ariel sabía que Dios la amaba incondicionalmente y tenía el poder de borrar todo lo malo de su pasado. “Esa es la cosa más maravillosa que alguien haya hecho por mí, así que mi única respuesta posible era rendir mi vida a Jesús,” dice ella. Desde entonces, Ariel dice que ha cambiado de una manera que no era posible en su propia fuerza. “Creo que la gente puede cambiar las conductas en sus propias fuerzas, pero sus motivos, el corazón y la eternidad no se puede cambiar sin Jesús”, dice ella. “Él nos da el Espíritu Santo a nosotros, un corazón nuevo, y la promesa de la eternidad con Él.” Llegar a entender que ella era muy amada por el Creador de todo el universo ablandó el corazón de Ariel hacia el amor a otras personas y le ayudó a lidiar con muchos de sus pecados habituales. “Cuando todavía me estaba autofl agelando, en los primeros días de ser cristiana, mi coordinadora me vendaba mis heridas y ella me miró a los ojos y dijo: ‘Dios hizo aquello para que vos no tengas que hacer esto’, que significaba que Dios tomó el castigo mío para que yo no tenga que sufrir el castigo”, explica. Esa fue la última vez que el pecado habitual tuvo algún poder sobre ella.

“La tentación todavía viene a caer de nuevo en mis viejas maneras, pero cuanto más cerca estoy de Jesús, el pecado es tanto menos deseable para mí”, dice ella. Hoy Ariel disfruta de ir a la universidad, es agradecida por la familia amorosa de la iglesia y continúa buscando maneras de animar a otros jóvenes, de la misma manera que su coordinadora hizo por ella. El mensaje que ella quiere, desesperadamente, compartir con otros es: “no importa lo que hayas hecho o lo que le haya sucedido – usted es amado por Dios. Sé que la parte que más atemoriza en la vida es aprender a confi ar en Dios, porque nunca ha confi ado en nadie, pero permita que Él se lo compruebe. Él es un Dios lo sufi cientemente grande, un Dios tan amoroso que él querría hacer eso por usted.” ■

FUENTE: Periódico El Desafío (http://challengenews.org/us-es/)