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La mejor decisión de un Vaquero

Cuando los amigos de la escuela lo invitaron a un corral donde se montaban toros, Corey Navarre encontró la pasión de su vida, y se convirtió en un montador de toros profesional, ganando un título nacional en 2001, y obteniendo ganancias en premios por más de $ 660.000 a lo largo de sus 15 años de carrera. ”Crecí en la ciudad sureña de Luisiana llamada Sulphur”, Corey comienza. “Una ciudad bien de paisanos. Después de haber probado montar toros con algunos amigos de la secundaria, supe que era lo que quería hacer.” En virtud de dónde había nacido, se esperaba de Corey que vaya a la iglesia, pero admite que fue un “calienta-banco más”, yendo al bar el viernes y el sábado, y luego a la iglesia el domingo. Habiendo llegado a la universidad, mientras que él estaba compitiendo en los rodeos de universidad, comenzó a asistir a una iglesia vaquera, todavía con la esperanza de encontrar su brújula espiritual.
“Yo era una especie de vagabundo en mi vida espiritual, sin dirección real”, recuerda. “En la Iglesia Vaquera pude sentir que Dios estaba tirando de mí en mi corazón y me enfrentaba a una decisión”. Un versículo en particular que lo desafi ó era lo que Jesucristo, dice en Apocalipsis, capítulo 3, versículo 16: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente, ojalá fueras frío o caliente. Pero por cuanto eres tibio, te vomitaré de mi boca. “ Corey recuerda preguntarse: “¿Voy a seguir siendo” tibio” como dice la Biblia o voy pedirle a Jesús que entre en mi corazón y decido seguirlo?” No fue sino hasta muchos meses después, durante la fi nal mundial de Bull Riders profesionales en 1998, que tomó la decisión de la que nunca se ha arrepentido. ”En la reunión que llevaba a cabo el capellán de la competencia, entregué mi vida a Jesús”, dice Corey. Desde entonces, se ha sentido agradecido y en paz, sabiendo que él está bien con Dios y que Él nunca lo abandonará. “Me he dado cuenta de que ser cristiano y vivir de acuerdo al plan de Dios es una aventura de toda la vida”, dice. “Vamos a equivocarnos y tropezar muchas veces a lo largo del camino, pero el Señor está allí para levantarnos y perdonarnos siempre. ”A la medida que he crecido en mi caminar cristiano he aprendido que lo que Dios realmente quiere de nosotros es una relación. Esta relación viene de la búsqueda de Él, diaria, a través de la oración, de la lectura de su Palabra, y al hacer esto el Espíritu Santo habla a nuestras vidas.” ■

FUENTE: Periódico El Desafío (http://challengenews.org/us-es/)