Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en Google+

El Cambio es Posible

Delicuencia, prostitución y una red de narcotráfico dentro del ejército alimentaron las adicciones de Miguel Thornton, hasta que las amenazas de muerte trajeron consigo un cambio radical en su vida. “Le robé vehículos, ahorros, herramientas del taller, y las joyas de la casa de mis padres. La situación se tornó tan mala y estaba tan envuelto en la adicción a las drogas que llegué a un punto en mi vida donde tuve que vender mi propio cuerpo”, dice Miguel. “Me convertí en un gigoló en las calles. Comencé a prostituirme con otros hombres para conseguir el dinero que necesitaba para seguir comprando drogas. Así de grave era mi adicción, pero no podía parar. Todo comenzó a la edad de 15 años cuando fumé mi primer cigarrillo de marihuana para poder encajar y ser aceptados por mis amigos. Después de experimentar su primer cigarrillo de marihuana, Miguel siguió con la cocaína, la metanfetamina, el éxtasis, y todo tipo de medicamentos con receta.
“No tenía sentido de dirección. No tenía sentido de propósito. Tenía muchas ganas de un cambio en mi vida, porque sabía que todo se caía a pedazos “, dice. “Pensé que unirme a las fuerzas armadas sería lo más honorable que podía hacer, para salir del entorno en el que estaba sumergido. Podía volver a empezar de nuevo y reconstruir mi vida”, pensó. Irónicamente, Michael fue asignado por cuatro años a la base que estaba en su ciudad natal de Jacksonville, Carolina del Norte (EE. UU.), y sus viejos amigos y su viejo estilo de vida volvieron al centro de la escena. “En el ejército yo era conocido como el chico local. Sabía dónde conseguir todas las drogas. Sabía donde podía conseguir cosas para los otros soldados “, admite. Aprovechó la oportunidad para establecer su propia red de narcotráfi co, vendiendo drogas para alimentar su propia adicción, y simultáneamente organizando a los otros soldados para evadir los análisis de orina para evitar ser descubiertos. Una noche, un instructor de Miguel le hizo realizar una prueba de análisis de orina sorpresa y fue puesto bajo custodia inmediatamente. “Mi sargento me leyó mis derechos y luego me miró a los ojos, diciendo: ‘Thornton, no sé cómo usted está vivo hoy. Hemos encontrado tanta cocaína en su torrente sanguíneo que usted debería estar clínicamente muerto ‘ “, recuerda.

Pensaban que Miguel era suicida debido a la cantidad de drogas en su sistema y lo pusieron directamente en un psiquiátrico durante tres semanas. A pesar de esto, Miguel estaba decidido a “seguir” y ya había organizado recoger otra entrega de drogas el día antes de su liberación. Se escapó de la base una noche para recoger su paquete, pero fue capturado en un operativo anti-droga y fue puesto directamente bajo custodia. Esto dio lugar a que sea expulsado de las fuerzas armadas. “En este momento de mi vida me convertí en un indigente”, dice. “Yo era adicto al paco, por lo que, naturalmente, me fui a la casa donde vendían droga y me puse de novio con el trafi cante de drogas.” Durante todo ese tiempo no dejaba de pensar: “Tengo que salir de esta vida” y tontamente decidí robarle al narcotrafi cante en cuya casa me hospedaba, deseando escapar de la ciudad para volver a empezar. Su plan falló; el traficante lo encontró y le exigió su dinero de vuelta dentro de una hora o moriría. “En este momento yo no sabía a quién llamar. Yo había hecho daño a todos los que estaban alrededor mío, tanto a mi familia como a mis amigos “, dice Miguel. Miguel fi nalmente hizo un llamado a su padre, rogándole por ayuda. “Mi papá me dijo, ‘Miguel, tiene que haber un cambio. Y si vos estás de acuerdo en recibir ayuda, vamos a conseguirte ayuda. Yo le voy a pagar el traficante para que no te mate, pero solamente si me prometes que vas a venir conmigo a buscar ayuda “,” Miguel recuerda. Después de ponerse de acuerdo con su padre para buscar ayuda, se encontró caminando por una vereda, rumbo a la iglesia en una soleada mañana de domingo. “Empecé a recordar todas las cosas que había hecho en mi vida. Empecé a recordar todo el pecado, toda la culpa, toda la vergüenza, todas las cosas que yo había estado cargando por tanto tiempo “, recuerda de ese día. “Esas cosas pesan sobre mí como una tonelada de ladrillos. Recuerdo llegar al punto en que no podía ni respirar y simplemente comencé a llorar lágrima tras lágrima tras lágrima. Fue en ese momento que miré al cielo y dije: ‘Dios, si eres real, quiero que me respondas. Quiero que arregles mi vida; Te quiero en mi vida. Si eres real, sálvame aquí mismo y ahora mismo ‘”.

En ese momento, Miguel dice que su vida comenzó a cambiar y, por primera vez, sintió que no estaba solo. “Escuché tres pequeñas palabras susurradas al oído, ‘Yo te amo’. Yo había estado esperando mucho tiempo poder oír esas palabras. Busqué el amor a través del alcohol, a través de la adicción a las drogas, a través del sexo, a través de la pornografía, a través de todo tipo de relaciones y nunca me encontré con él hasta el día en que entregué mi corazón a este hombre llamado Jesús. Ese amor llenó mi corazón y me transformó”. Después de aceptar el perdón de Jesús y comprometerse a un programa en un Centro de Rehabilitación cristiano, las adicciones de Miguel finalmente se rompieron, se casó y se graduó la universidad en 2007. Terminó una Maestría en Administración Pública en 2012 y comparte apasionadamente su historia con otros para animarlos a volverse a Jesús. “Si Jesús pudo cambiar mi vida … Él puede cambiar la tuya también”, concluye Miguel con una sonrisa. ■

FUENTE: Periódico El Desafío (http://challengenews.org/us-es/)