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“Asombrosamente preparado” para la tragedia

La tristeza de un padre fue cambiada por un mayor consuelo

El sentimiento más horrible” es lo que más recuerda David Key, cuando se enteró de que su hijo Riley había muerto en un accidente automovilístico, pocos meses después de cumplir 18 años. A la 1 de la mañana, el 27 de junio de 2009, la camioneta de Riley golpeó contra una valla de seguridad, volcó y se detuvo, cabeza hacia abajo
en un arroyo. Otros dos de sus tres pasajeros también murieron en el accidente. “Fue absolutamente el peor día de mi vida hasta este punto y espero que nunca vuelva a suceder”, recuerda David con tristeza. El hijo de David había intentado llamarlo sólo 20 minutos antes del accidente, pero David y su esposa no despertaron hasta las 2 de la mañana para conducir sus caballos a Denver, Colorado para un rodeo. A las 6:30 de la mañana, el padre de David los llamó con la terrible noticia.
”Yo no esperaba esa llamada, ni nunca podía haber estado preparado para ello”, dice David. “A mi padre se le difi cultó decirme [las noticias]”. Inesperadamente, David informa que debido a que él y su hijo eran cristianos evangélicos, Dios ya les había preparado para hacer frente a esta David dice que en tres ocasiones Dios le ha asegurado que Riley está bien.
“Dios me ha demostrado que Él es real. ”En la iglesia durante el servicio fúnebre Dios me confi rmó que Él tenía a Riley y que mi hijo estaba bien. Dios me ha dado confi rmación tanto que Riley conocía a Dios como que mi hijo tenía una relación personal con él.” De su propia decisión de confi ar en Cristo Jesús como su único y sufi ciente Salvador, David dice que le tomó 30 años. “Yo había ido a la iglesia durante toda mi vida, pero nunca había aceptado a Jesús como mi Salvador hasta que cumplí 30 años. “Yo sabía que Dios era real, pero nunca entregué mi vida al Señor [hasta entonces]. Doy gracias a Dios de que Riley lo hizo a los 18 años de edad.” En la asimilación de la pérdida de su familia, David está muy agradecido por el consuelo de Dios, y por el apoyo de su bella esposa y dos hijos que él “ama entrañablemente”. “Si tenemos una relación con Dios”, expresa David: “Él va a obrar en los detalles a través del tiempo y el Espíritu Santo es nuestro consolador y nuestro guía personal.” David señala dos cosas extraordinarias acerca de Dios: él es “tan paciente” y “su gracia (amor inmerecido) es sufi ciente para que cualquier pecado”, porque Jesús pagó la pena de muerte que merecemos. “Dios sólo quiere que le amemos y tengamos una relación con él”, añade David. “Realmente, eso es todo lo que cualquier padre quiere de sus hijos. Queremos ser correspondidos en el amor y aprecio que demostramos. Todo es cuestión de una relación personal y profunda”. ■

FUENTE: Periódico El Desafío (http://challengenews.org/us-es/)