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Los ciegos ven

Fue seis cuadras de aquí donde el auto chocó con mi moto,” comentó Pablo durante su entrevista luego de dar testimonio durante la campaña evangelística que tuvo lugar en la ciudad de La Plata en la esquina de las calles 19 y 78. El golpe fue tan fuerte que a pesar de usar un casco, su cráneo se fracturó en tres partes, y el parte izquierda de su rostro fue lastimado gravemente.

Cuando la esposa de Pablo, con su madre, llegó al hospital, encontraron a Pablo en terapia intensiva en un estado inconsciente.  Mientras miraba hacia abajo en la cara aplastada en la almohada, no podía reconocer a su marido. Los médicos les informaron que el tenia grave hemorragia cerebral y el nervio óptico izquierda casi cortada. No sabía si iba a sobrevivir. En desesperación, ella llamó a la iglesia donde se congregaba para pedir oración por Pablo. Poco tiempo después, para la sorpresa de todo, el se despertó, sonriendo!

Pablo quedó un mes internado, y durante ese tiempo, se operó tres veces su ojo izquierda para reparar la retina desprendida y la córnea estropeada. Pero por el riesgo alto de perder no solo la vista, pero el ojo también, decidieron no operar el nervio óptico. Resultó que Pablo perdió 95% de la vista de su ojo izquierdo. Sólo podía discernir luz y oscuridad, pero con cinco hijos en casa, Pablo pidió alta, y volvió a su trabajo en la construcción.

No tener vista en su ojo izquierdo se afectó mucho en su trabajo. No tenía campo de vista, y perdió su confianza en el trabajo en altura. A pesar de sus necesidades, y el ánimo de su esposa, Pablo no volvió a la iglesia donde se bautizó 10 años atrás. “Un tiempo antes del accidente, me fue a trabajar en Roque Pérez, lejos de mi casa. Mi situación fue bien económicamente, y deje de congregarme en la iglesia,” dijo Pablo.

Pero su vista se limitó mucho en su trabajo y en su vida. Un día su esposa le decía que iba a tener lugar en La Plata una campaña de milagros y que Dios podía hacer un milagro con la vista de Pablo también. Por eso, cuando empezó la campaña, Pablo aceptó la invitación de asistir. Llegó el primer día con su familia, y se reconcilió con el Señor.

Pablo siguió asistiendo en la campaña toda las noches. Un día, durante la oración por sanidad, puso su mano sobre su ojo. Luego entendió que algo había pasado, porque había más luz en su ojo. La pupila se dilató y este dio fe a Pablo que Dios podía cumplir el milagro. Y el Señor lo hizo! El mañana después de la quinta noche de la campaña, sonó el despertador a las 06.00 en la habitación de Pablo. Cuando se volvió para apagarlo, dio cuenta que podía ver perfectamente los números del reloj. Volvió a abrir sus ojos, y miró otra vez; podía ver los números claramente. “Amor, veo! Amor veo!” gritaba a su esposa y luego los dos empezaron a llorar con alegría.

Testimonio Escrito Doctora Polo

La Dra. Gloria Polo y su sobrino se apresuraban bajo la lluvia compartiendo un pequeño paraguas…. De repente les cae un rayo. “Nos dejó carbonizados; mi sobrino fallece allí”. A ella le destruye el cuerpo

“Me quema de forma espantosa todo mi cuerpo, por fuera y por dentro. Esto que ven aquí, este cuerpo reconstruido, es misericordia de nuestro Señor. (El rayo) me carboniza, me deja sin senos, prácticamente se me desaparece toda mi carne y mis costillas; el vientre, las piernas… sale el rayo por el pie derecho, se me carboniza el hígado, se me queman los riñones, los pulmones”.

Según su testimonio, ella era una mujer dominada por la mentalidad del mundo, “Católica dietética”.

Tuvo la experiencia de la muerte: terminó ese descenso por entre todos esos túneles y llego a una parte plana desesperada, esa voluntad de hierro que decía que tenía, es que a mi nada me quedaba grande, no me servía de nada. Porque yo quería subir e igual estaba ahí, y veo como en el piso se abre una boca grandísima y siento un vacío impresionante en mi cuerpo, un abismo al fondo inenarrable, porque lo más espantoso de ese hueco era que no se sentía ni un poco del amor de Dios, ni una gota de esperanza y ese hueco tiene como unas chupas y me halan y yo grito aterrorizada….

Y en ese dolor empiezo a gritar “¿quién se equivocó?”. Miren yo tan santa. Jamás he robado yo nunca he matado, yo le daba mercados a los pobres, yo sacaba muelas gratis a los que necesitaban. ¿Yo que hago aquí? Yo iba a misa los domingos, a pesar de que me consideraba atea nunca falté, si en mi vida falté cinco veces a misa fue mucho. Yo era alma que siempre iba a misa. Y yo que hago aquí. Yo soy católica, por favor yo soy católica sáquenme de aquí. Cuando yo estoy gritando que soy católica, veo una lucecita y miren una luz en esas tinieblas es el máximo regalo que puede recibir uno. Veo unas escaleras encima de ese hueco, veo a mi papé, que había fallecido cinco años atrás, casi a ras del hueco, un poquito de luz tenía y cuatro escalones más arriba veo a mi mamá, con mucha más luz y en esa posición como de oración…

Y empiezo a gritar de nuevo:” ¡por favor, miren, sáquenme de aquí, que soy católica!,” ¿pero quién se equivocó?” ¡Por favor, sáquenme de aquí! Y cuando yo estoy gritando esta segunda vez, se escucha una voz, es una voz dulce, es una voz que cuando la escucho se estremece toda mi alma, y todo se inundó de amor y de paz, y todas esas criaturas salieron despavoridas, porque ellas, no resisten el amor, ni la paz y hay paz para mi, me dice esa voz tan preciosa: “muy bien, y si tú eres católica dime los mandamientos de la ley de Dios”. Y que rajada tan horrible, ¿oyeron? yo sabía que eran diez pero de ahí en adelante ¡nada!…

…Ni siquiera la mínima expresión de amor con tu Señor. ¿Ser agradecida?, ¡jamás! Ni siquiera abría los ojos ¡Señor, gracias por este día que me has dado, gracias por mi salud, por la vida de mis hijos, por que tengo un techo, pobrecitos los que no tienen techos, ni comida Señor….!! Nada. ¡Desagradecidísima! y fuera de eso, pusiste tan debajo a tu Señor, que creías más en Mercurio y Venus para la suerte, andabas pegada a la astrología diciendo que los astros manejaron tu vida. Empezaste a andar en todas las doctrinas que te ofrecía el mundo, empezaste a creer que simplemente morías y volvías a empezar. ¡Y te olvidaste de la Gracia! De que tú habías costado un precio de sangre a tu Señor.

Me hacen un examen de los Diez Mandamientos. Me muestran que yo decía que adoraba, que amaba a Dios. Con mis palabras; y adora a Satanás. Porque en mi consultorio llegaba una señora a hacer riegos, y yo decía: “Yo no creo en eso” pero échelos por sí las moscas”! Y empezaba a echar ella rieguitos para la buena suerte.

… y me decía el Señor “nunca pensaste… ¡pobrecitos Señor los enfermos! Dame la gracia de ir allá a acompañarlos en su soledad. Los niños que no tienen mama, los huerfanitos, cuantos niños sufriendo Señor.”……..mi corazón de piedra……. ¡Total! En el examen de los diez mandamientos no pasé ni medio.

…Por ejemplo yo di muchos mercados a gente necesitada pero daba no por amor, daba por mi imagen, porque como era muy rico que todo mundo me viera la gracia, y como era de rico manipularle la necesidad a la gente.

…Y vean hermanos aprendí que las palabras no se las lleva el viento, cuando mi mamá se me ponía muy terca le decía: “mamá, sabes qué, ¡que me parta un rayo si te estoy diciendo mentiras!”, y la palabra se fue en el tiempo, pero miren por misericordia de Dios estoy aquí, porque en realidad el rayo entró y me atravesó prácticamente en dos partes y me quemó.

…Mostraban cómo nunca fui agradecida con el Señor, y también me mostraban lo que yo decía cuando me daba pereza ir a misa: “pero mamá, si Dios está en todas partes qué necesidad tengo de ir allá. Claro me era muy cómodo decir eso; y la voz me repetía que yo tenía al Señor veinticuatro horas en el día pendiente de mi, y yo no rezaba ni un poquito o un domingo a darle gracias al Señor, mostrarle cuán grande era mi agradecimiento y mi amor por El, y me quedaba grande, pero lo peor del caso, es que esa entrada a la iglesia era el restaurante de mi alma, me dediqué a cuidar mi cuerpo, me volví esclava, y se me olvidó un pequeño detalle, tenía un alma y jamás cuidé de ella, nunca la alimenté con la Palabra de Dios porque yo muy cómodamente decía que el que lee la palabra de Dios se volvía loco.

…Cuando llegamos al quinto mandamiento el Señor me mostraba que yo era una asesina espantosa y que cometí lo peor y lo más abominable ante los ojos del Señor, el aborto. Miren es que el poder que me dio el dinero me sirvió para financiar varios abortos porque yo decía: “la mujer tiene derecho a escoger cuando quiere quedar embarazada o no”. Miré en el libro de la vida y me dolió tanto cuando vi a una niña de catorce años abortando. Yo le había enseñado, porque saben que cuando uno tiene veneno nada bueno queda, y todo a lo que se acerca se daña.

…Unas niñas, tres sobrinas mías y la novia de un sobrino abortaron, las dejaban ir a mi casa porque yo era la de plata, la que las invitaba las que les hablaba de moda, de glamour, y de cómo exhibir su cuerpo, y mi hermana me las mandaba allá. Miren cómo las prostituí, prostituí menores que fue otro pecado espantoso después del aborto, porque yo les decía a esas niñas: “no sean bobitas mijitas es que sus mamás les hablan de virginidad y de castidad porque están pasadas de moda, ellas hablan de una Biblia de hace dos mil años, y los curas no se han querido modernizar, ellas hablan de lo que decía el Papa, pero ese Papa está pasado de moda.

Imagínense mi veneno y les enseñé a las niñas que ellas tenían que disfrutar de su cuerpo pero que tenían que planificar. Yo les enseñé los métodos de planificación “perfecta mujer”, y esa niña de catorce años, la novia de mi sobrino llega un día a mi consultorio (lo vi en El Libro de la Vida), llorando me dice “¡Gloria, soy un bebé y estoy embarazada!”, y yo le dije: “bruta, ¿no le enseñé a planificar?” y entonces me dice: “sí, pero no funcionó”. Entonces miré y el Señor me ponía allí esa niña para que no se hundiera en el abismo, para que no fuera a abortar, porque es que el aborto es una cadena que pesa tanto, que arrastra y pisotea, es un dolor que nunca se acaba, es el vacío de haber sido un asesino. Es lo peor a un hijo. Y saben que fue lo peor de esa niña, que en lugar de yo hablarle del Señor le di plata para que fuera a abortar en un lugar muy bueno para que después no la fueran a perjudicar. Así como ése patrociné varios abortos, cada vez que la sangre de un bebé se derramaba era como un holocausto a Satanás, es un holocausto, al Señor le duele y se estremece cada vez que se mata un bebé porque en el libro de la vida, vi como el alma de nosotros tan pronto como se tocan el espermatozoide y el óvulo se forma una chispa hermosa una luz cogida del sol de Papa Dios, el vientre de una madre tan pronto es fecundado se ilumina con el brillo de esa alma y cuando se aborta esa alma grita y gime de dolor así no tenga ojos ni carne, se escucha ese grito cuando lo están asesinando y el cielo se estremece y en el infierno se escucha otro igual pero de jubilo, de inmediato del infierno se abre unos sellos y salen unas larvas para seguir asediando a la humanidad, y seguir haciéndola esclava de la carne y de todas esas cosas que se ven y se verán cada día peor.

Porque ¿cuántos bebés se matan a diario? Y eso es un triunfo para él. Como será que ese precio de sangre inocente ocasiona un demonio más afuera y me lavan en esa sangre y mi alma blanca se empezó a poner absolutamente oscura. Después de los abortos ya no tuve más convicción de pecado, para mi todo eso estaba bien. Y lo triste también ver cómo en esos pagarés que me tenía el maligno, allí me mostraba todos los bebés que yo había matado también, porque ¿saben qué? Yo planificaba con la T de cobre y fue doloroso ver cuántos bebitos habían sido fecundados y se habían destruido ellos solos, y el grito de ese bebé desgarrándose da las manos de papá Dios. De razón que vivía amargada y mal geniana, haciendo mala cara, frustrada con todos y con mucha depresión. Claro, me había vuelto una maquina de matar bebés.

Y eso me hundió más en el abismo; ¿cómo que no había matado? Y qué decir de cada persona que me cayó gorda, que odiaba, que detestaba. ¡Ahí ya era aún asesina! Porque no sólo con un disparo se mata a una persona, basta con odiarla con hacerle el mal, con tenerle envidia, con eso ya se le mata.

En cuanto al sexto mandamiento de no fornicar yo dije: “no aquí si no me van a levantar ni un amante porque yo toda la vida solamente he tenido un hombre y es mi esposo”. Cuando me muestran que yo cada vez que yo estaba con mis senos descubiertos y mi cuerpo con mis trusas estaba incitando a otros hombres a que me miraran y tuvieran malos pensamientos y los hacía pecar y así fue como entré en adulterio.

Yo les aconsejaba a las mujeres que fueran infieles con sus esposos, les decía: no sean bobas desquítense no los perdonen y más bien divórciense, ya con eso estaba cometiendo un abominable adulterio.

Y me di cuenta que los pecados de la carne son espantosos y son condenatorios así el mundo les diga que son chéveres y que sigamos actuando como animales. Tristemente me solté de la mano del Señor, porque los pecados están en los pensamientos, en el alma y en la acción.

En el séptimo mandamiento de no robar, yo me consideraba honesta; y el Señor me mostraba que mientras que en mi casa desperdiciaba la comida, tanta hambre que padecía todo el mundo y me decía “yo tenía hambre y mira tú lo que hacías con lo que yo te daba, desperdiciabas, yo tenía frío y mira lo que hacías tú, esclavizada con las modas y las apariencias, gastándote mucho dinero en una inyección para estar delgada, esclavizada en el cuerpo en pocas palabras hiciste un Dios de tu cuerpo y me mostraba que yo era culpable de la miseria de mi país y que yo sí tenía que ver con eso. También me mostraba que cada vez que yo hablaba mal de alguien, le robaba la honra y difícil devolvérsela, que hubiera sido más fácil reparar al robarle un billete a una persona porque le habría podido devolver la plata y no robarle el buen nombre a una persona. Le robaba a mis hijos la gracia de una mamá en la casa, tierna, una mamá que les amaba y no la mamá en la calle dejando a los niños solos con el papá televisor, la mamá computadora o con los juegos de video y para calmar mi conciencia les compraba ropa de marca.

…les voy hablar un poquito de no levantar falsos testimonios. Ni mentir, en eso si que fui experta ¿oyeron? porque Satanás se volvió mi papá, porque tú tienes tu papá Dios y a Satanás.

Si Dios es Amor y yo odio ¿quién es mi Papá? no era tan difícil y si Dios me habla del perdón y de amar a los que me hacen daño y yo decía el que me la hace me la paga y hasta allí llegó conmigo, pues ¿quién era mi papá? y si El es la verdad y Satanás es la mentira ¿quién era mi papá? y no hay mentira ni rosada, ni amarillita ni verdecita, todas las mentiras son mentiras, y Satanás es su padre.

Tan terrible fueron los pecados de mi lengua. Que yo veía con mi lengua cuánto daño hacía. Cuando yo chismoseaba, cuando yo me burlaba, le colocaba un apodo a alguien, como sentía esa persona. Cómo le dolía el apodo. Cómo le podía crear complejo de inferioridad a una persona gordita que le andaba diciendo gorda, cómo cuanto mal hacía y cómo la palabra siempre terminaba en una acción.

Cuando me hacen el examen de los 10 mandamientos y de la codicia salieron todos mis males ese deseo loco. Yo pensaba que iba a ser feliz teniendo mucho dinero y se me volvió una obsesión tener dinero. Lástima. Cuando tuve mucho dinero, fue el peor momento que vivió mi alma hasta el punto de querer suicidarme.

…Después de ese examen de los 10 Mandamientos, me muestran “El Libro de la Vida”, hermoso, yo ya quisiera tener palabras para describirles “El Libro de la Vida”, empezó desde la concepción tan pronto se unieron el par de células de mis padres de inmediato, hubo ¡zas! una chispa, una explosión hermosa y se formó una alma, el alma mía cogida de la mano de Papá Dios me encontré un Papá Dios tan hermoso. Tan maravilloso 24 horas al día cuidándome buscándome y lo que yo veía que era castigo. No era más que su amor porque El mira no aquí en mi carne, sino miraba mi alma, y miraba cómo me iba alejando de la salvación, ese “Libro de la Vida”, para terminar les voy a dar un ejemplo de cómo es de hermoso el “Libro de la Vida”.

Yo era muy hipócrita y a la gente le decía a alguien ¡huy! oye como estás de linda, qué vestido tan precioso, cómo se te ve de lindo, y por dentro decía: “huy, qué pinta tan asquerosa, y todavía se cree la reina”. En mis pensamientos. En ese libro se ve igualito lo que yo decía con mi lengua, con una diferencia. Se veían mis pensamientos, y se veía el interior de mi alma. Todas mis mentiras quedaron al rojo vivo, vivas, todo el mundo se dio cuenta. A mi mamá cuántas veces me le volaba porque mi mamá no me dejaba ir para ningún lado. Mami tengo un trabajo en grupo en la biblioteca y mi mamá creía el cuento. Y arrancaba a ver una película de pornografía, o a un bar a tomar cervezas con mis amigas y mi mamá viendo mi vida, nada se escapó.

… Me pregunta el Señor ¿qué tesoros espirituales traes? Tesoros espirituales y mis manos iban vacías, no llevaba nada mis manos iban absolutamente desocupadas, es cuando me dice de qué te sirve decir que tenías 2 apartamentos, que tenías casas que tenías consultorios. Que te considerabas una profesional con muchísimo éxito. Te pudiste traer el polvo de un ladrillo aquí. Es cuando me dice ¿Qué hiciste con los talentos que yo te di? ¿Talentos? Tenía una misión. La misión de defender el reino del amor. El reino de Dios. Se me había olvidado que tenía alma, muchísimo menos que tenía talentos, que yo, era las manos misericordiosas de Dios. Mucho menos que todo el bien que dejé de hacer le dolió al Señor. Porque ¿saben qué era lo que siempre me preguntaba el Señor? La falta de amor y caridad en el prójimo siempre me preguntaba por el amor, y es cuando me dice:-”Es que tú muerte espiritual… Estaba viva pero muerta. Si hubieran visto que es “muerte espiritual” cómo es un alma que odia. Cómo es un alma espantosamente terrible de amargada y de fastidiosa. Que le hace mal a todo el mundo. Cuando uno está lleno de pecados, y ver mi alma por fuera oliendo muy rico y con buena ropa y mi alma oliendo horrible viviendo en los abismos. Con razón tanta depresión y tanta amargura. Y me dice: “Es que tu muerte espiritual comenzó cuando a ti te dejaron de doler todos tus hermanos”. Era una alerta cuando veías el sufrimiento de tus hermanos: en todas partes. O cuando veías en los medios de comunicación, mataron, secuestraron, desplazaron y tú con la lengua por afuera dices:-” ¡Ay pobrecitos! Qué pecadito”. Pero no te dolían tus hermanos. En el corazón no sentías nada, toda de piedra, el pecado te lo petrificó.

Cuando se cierra mi Libro, ustedes se imaginan la tristeza tan grande mía. Cuán dolor fuera de eso, por haberme portado así con mi Papá Dios, porque a pesar de todos mis pecados, a pesar de toda mi inmundicia y de toda mi indiferencia y de todos mis sentimientos horribles, el Señor siempre hasta el último instante me buscó, siempre me enviaba instrumentos, personas, me hablaba, me gritaba, me quitaba cosas para buscarme, él me busco hasta el último instante.

Escogí a Satanás, ese fue mi papá, y cuando se cerró ese libro, yo veo que en mi mente, estoy de cabeza porque me voy, a un hueco y después de ese hueco se va abrir una puerta. Y allí ya voy, y empecé gritarle a todos los santos que me salvaran, ustedes no tienen idea la cantidad de santos que llegué a saber yo no tenía idea que sabía tantos santos, era tan mala católica, que pensaba que igual me salvaba San Isidro el labrador, que San Francisco de Asís, y cuando se me acabaron todos los santos, el mismo silencio. Sentía un vacío, un dolor tan grande. Diciendo: y todo el mundo allá en la tierra pensando que “tan Santa” esperando que yo me muera para pedirme un milagrito. Y ¡Miren! ¿Para donde me voy?

No, levanto los ojos y me encuentro con los ojos de mi mamá. Y con mucho dolor le grito:- ¡Mami!. Que vergüenza ¡Me condené madre a donde yo voy, no te voy a volver a ver jamás. Y en ese momento a ella le concedieron una gracia muy bella. Estaba inmóvil y le permiten mover sus dos deditos hacia arriba y ella señala allí y saltan de mis ojos dos costras espantosamente dolorosas, esa ceguera espiritual. Salta allí, y veo un momento hermoso. Cuando una paciente me había dicho:- “Mire doctora. Usted es muy materialista y un día lo va a necesitar. Cuando usted esté en eminente peligro, cualquiera que sea, pídale a Jesucristo que la cubra con su sangre que él nunca, nunca la va abandonar. Porque El pagó un precio de su sangre por usted”. Y con esa vergüenza tan grande y ese dolor empecé yo a gritar: – Jesucristo. Señor ten compasión de mí !perdóname, Señor dame una segunda oportunidad! Y ese fue el momento más bello, yo no tengo palabras para describir ese momento, El baja y me saca de ese hueco. Cuando El me recoge, todas esas cosas se botaron al piso. Me levanta y me saca en esa parte planita, y me dice con todo ese amor:- “Vas a volver, vas a tener tú segunda oportunidad (…), pero me dice, pero no por la oración de tu familia. Porque es normal que ellos “oren y clamen por ti, sino por toda la intercesión de todas las personas ajenas a tu carne y a tu sangre que han llorado, han orado y han elevado su corazón con muchísimo amor por ti”.

Y empiezo a ver cómo se prenden un montón de lucecitas que son como llamitas blancas llenas de amor. Y veo a las personas que están orando por mí. Pero había una llama grande, grande que era la que más luz daba. La que más amor daba. Yo miraba quién era esa persona que me amaba tanto. Y me dice el Señor: -”Esa persona que tú ves allí, es una persona que te ama tanto, tanto que ni siquiera te conoce”. Y me mostraba, había visto el recorte en la prensa del día anterior porque bajo al pueblo, bien pobre, era un campesino que vivía al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta. Bajó el hombre bien pobrecito. Compró una panela y se la envolvieron en una hoja del “Espectador” del día anterior. Estaba ahí mi fotografía, quemada. Cuando ese hombre ve esa noticia que ni la leyó de corrido se fue para el piso y empieza a llorar con un amor tan grande, y dice:- “Padre. Señor ten compasión de mi hermanita. Señor sálvala, señor mira Señor. Si tú salvas a mi hermanita, yo te prometo que me voy al “Santuario de Buga” y te cumplo una promesa, pero sálvala”.

Imagínense un hombre pobrecito, no estaba renegando ni maldiciendo por qué estaba aguantando hambre, con una capacidad de amor ofrecerse a atravesar todo un país, por alguien, que no conocía. Y me dice el Señor: “Eso es Amor al Prójimo” (…) y cuando me dice esto: vas a volver pero tú no lo vas a repetir 1000 veces. Sino 1000 veces mil. Y hay de aquellos que oyéndote no cambiaron. Porque van a ser juzgados con más severidad. Como lo vas a ser tú en tu segundo regreso. Los ungidos que son sus sacerdotes o cualquiera de ellos, porqué no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver.

Y esto mis queridos hermanos no es una amenaza, el Señor no necesita amenazarnos, esta es la segunda, oportunidad que ustedes tienen y ¡gracias a Dios que viví lo que yo viví! Porque cuando les abran “El Libro de la Vida” a cada uno, cuando se mueran cada uno de ustedes, vamos a ver este momento igualito, y vamos a vernos tal cual estamos con la diferencia que vamos a ver nuestros pensamientos, y nuestros sentimientos en la presencia de Dios, y lo más hermoso es que cada quien va a ver el Señor en frente de cada uno de nosotros. Otra vez pidiéndonos que nos convirtamos, para que de verdad empecemos a ser nuevas criaturas con El, sin El no podemos.

Que el Señor los bendiga a todos grandemente. La gloria para Dios. La gloria para nuestro señor Jesucristo.

TERRIBLE TESTIMONIO DE CARLOS ARTEAGA CAE DE UN AVION EN AMAZONAS

Testimonio de Pablo Torres Barrios

Yo nací en una familia de obreros, pobres pero con lo necesario para vivir, soy el mayor de dos hermanos, en la actualidad tengo 35 años.

- Cuando apenas tenía 10 años mi madre enfermó de gravedad, cáncer, una enfermedad que la postro en cama largas temporadas hasta el momento de su muerte.

- No se si fue por eso o por mi propio carácter pero yo siempre fui un niño tímido e introvertido, me costaba comunicarme con los demás. Pero a la edad de 13 años probé el alcohol y todo cambió me sentía desinhibido, era el rey de la fiesta. En poco tiempo me presentaron a los cigarrillos de hacheéis y marihuana “porros” y eso si que era buena onda, mas tarde fueron las anfetaminas y L.S.D, cada escalón era todavía mejor que el anterior y en menos de 2 años me había convertido en autentico experto en todo lo que tuviera que ver con drogas “blandas”.

- En casa me había transformado en un ser violento y despreciable que golpeaba con saña a mi hermano menor y faltaba el respeto a mis padres. Mi padre intentó disciplinarme, pero todo era inútil. Por aquel entonces conocí a la que ahora es mi esposa, Montse, con ella llevaba una doble vida, la engañaba, me comportaba como un caballero para conquistarla, aunque en aquel momento de mi vida mentir no era complicado, pues me había convertido en el príncipe de la mentira, el engaño y la estafa.

- Al cumplir los 18 años me marche de casa ” ya no necesitaba a nadie”, y mucho menos la mirada de reproche de mi padre que veía como me estaba perdiendo, me fui y deje solo a mi hermano al cargo de mi madre moribunda, pues mi padre tenía que trabajar muchas horas para mantener la casa. Poco a poco todas estas personas se convertirían en victimas de lo que sería mi vida.

- Al cumplir los 19 alguien me presento a la que estuvo a punto de quitarme la vida, “la heroína”, apenas la conocí y caí rendido en sus brazos, me conquistó, se hizo la dueña absoluta de mi vida sin que yo me diera cuenta. Durante algunos años estuve jugando con “ella”, o “ella” con migo mejor dicho, pensé que podría engañarla, que yo nunca sería como uno de aquellos yonquies que andan mendigando una dosis por las cloacas de la ciudad, ¿quien, yo? No amigo, eso es imposible.

- Que equivocado estaba, en aquellos meses me case con Montse y murió mi madre casi seguido, cuantas veces le he dado las gracias a Dios de que no permitió que mi madre viviera aquel infierno. Cuando nació mi hija mayor pensé que era un buen momento para dejarlo, ahora tenía una nueva motivación, pero aquello ya era imposible, ahora la heroína había tomado el mando y yo iría donde ella quisiera.

- Montse intento que reconociera mi adicción con la promesa de que me ayudaría con los médicos, pero yo la trataba de loca y volvía a salir una noche más. Hasta que un día mi hija, Patri, encontró los artilugios que utilizaba para inyectarme, olvidados por mí en el lavabo en mi locura. Eso fue la gota que colmo el baso, Montse se fue, cogió algo de sus cosas y de la niña y se fueron, se marcho harta de luchar con la barrera que yo había levantado entre los dos y al marchar se llevó lo único limpio que quedaba en mi vida, mi Hija Patricia.

- Entonces todo fue una carrera desbocada, en pocos meses me deterioré tanto como aquellos yonquies de los que hablábamos antes, solo sin dinero, sin amigos sin nadie pues mi padre y mi hermano no querían ni verme tras haberles intentad robar a los dos, decidí hacer lo que hacen los cobardes, suicidarme, así que con mis últimos recursos compre una dosis doble de lo que habitualmente consumía y me la inyecte, al momento caí fulminado, no recuerdo nada de aquellas horas, se que me desperté mas tarde en la sala de cuidados intensivos del hospital de la ciudad, lleno de tubos y de cables lo primero que pude distinguir fue la mirada de mi padre, estaba allí mirándome, pero esta vez su mirada no era de reproche sino de pena, aquella mirada pude verla durante mucho tiempo cada vez que cerraba los ojos.

- Viendo que no servía ni para quitarme la vida, decidí probar el otro camino y librar mi particular lucha contra aquella que asta ahora siempre había salido vencedora, la heroína. Busque yo solo, pues no quería ser una carga para nadie mas, un centro cristiano, en aquel entonces yo era un orgulloso ateo el motivo de que el centro fuera cristiano era que aquí en España solo los centros evangélicos son gratuitos y mi mas que escaso capital me obligaba a pasar por encima de mis convicciones.

- Recuerdo el día en que ingresé como si fuera esta misma mañana, y se que no lo olvidaré mientras viva, bueno ni aun después, aquellos muchachos me agasajaron con sus cuidados y su amor de tal manera que quedé abrumado. No podía comprenderlo, aquellos chicos hace solo unos años o incluso unos meses eran adictos igual que yo, tipos duros, tipos de la calle curtidos en mil batallas y ahora estaban hablando de amor, me cuidaban y velaban durante la noche cuando los dolores provocados por el síndrome de abstinencia se hacía todavía mayores. Además podía oírlos como oraban por mi durante esos amargos momentos, y entonces yo empecé a interrogarles, ¿por que hacían aquello? Y además ¿ por que estaban siempre tan gozosos? Yo sabía por los testimonios que escuchaba en los cultos dominicales que muchos de ellos tenían detrás una historia mucho más terrible que la mía y estaban allí gozosos, siempre cantando alabanzas y mostrándose amables y cariñosos.

- Entonces ellos me hablaron de Jesús, de su inmenso amor, de su perdón… Ya esta, yo quiero apuntarme en esa lista, rápido yo quiero estar como ustedes, ahora, ya.

- Con el tiempo comprendí que las cosas no son así, empecé a leer en su Palabra cosas que llegaban hasta mi corazón, leí que El me amaba, incluso antes de que yo hubiera nacido, leí también que si buscaba primero su Reino y su Justicia El iba a devolverme todo lo que la droga me había quitado, y poco a poco todas aquellas promesas fueron haciéndose mías casi sin que me diera cuenta. Leí también que El había sufrido mucho por lo tanto sería la persona ideal para comprender mi sufrimiento y los días pasaban y El continuó hablándome a través de su Palabra.

- Hasta que una noche cuando estaba orando y pidiéndole como siempre, de repente deje de pensar en mi por un momento y empecé a pensar en El, en el terrible momento de la Cruz, solo, abandonado por los que le seguían, abandonado también por sus amigos y hasta su Padre le dio al espalda, pues no podía estar allí por que El estaba llevando los pecados de todos nosotros ¿pueden imaginárselo?. Aquella noche fue la más feliz de mi vida a pesar de que lloré durante oras, pude experimentar su perdón, su consuelo y su sanidad mental. Además hice un trato con El no me separaría jamás de alguien que me ama tanto.

- Hoy puedo decirles que no he sido defraudado, desde ese momento mi buen Dios me ha colmado de bendiciones, dos meses mas tarde me bauticé, mi esposa, sin que ella misma acertara a decirme el porque, empezó a visitarme y por su puesto me trajo a mi pequeña. A través de mi testimonio el Señor me hico otro gran regalo y es que ella también conoció a Cristo y le entregó su corazón.

- Un año y medio después de mi ingreso me rehabilité para la sociedad y sobre todo para la gloria de Dios. Cristo había vencido la batalla por mi, por fin era libre. Mi padre después de ver el cambio que había en mi vida me presto dinero suficiente para comprar la casa que ahora tenemos. El Señor no solo me devolvió a mi hija, sino que nos ha bendecido con otra hermosa niña, Sara, que colma nuestro hogar de risas y alegría. También se encargo Dios de lo material y con la ayuda de un hermano en Cristo conseguí el empleo que tengo ahora, jefe de producción de una importante constructora aquí en Barcelona, se encargo también Dios de facilitarme una congregación donde poder servirle pues El sabía que ese era nuestro anhelo desde que abandone el centro y así mi esposa y yo llegamos a la Iglesia Evangélica de Viladecans, donde fuimos recibidos con los brazos abiertos y el pastor Sr Juan Calvet enseguida me dio la oportunidad de predicar el Evangelio lo cual se ha convertido poco a poco en mi ministerio.

- Hermanos si publican este testimonio recuerden que yo estaré cumpliendo mi parte del trato, aquel trato que hice con Jesús; “Contarle a todo el mundo las maravillas que El ha hecho en mi vida.”

Que el Señor les bendiga, les guarde y ensanche su ministerio para mayor gloria suya.

Pablo Torres Barrios

Testimonio Cristianos de Falcao